
históricos sobre Venezuela, a nivel nacional e internacional, para lo cual prestamos un servicio de información al público interesado en nuestras colecciones bibliohemerografíca, documentales y museográficas.Las Colecciones
La Fundación John Boulton posee valiosos archivos, fondos documentales originales y biblioteca con información relativa al acontecer político, económico y social venezolano, desde el período prehispánico, pasando por la conquista, la independencia y el período republicano.
Revista KRONOS Nº 01 Francisco de Miranda
Revista KRONOS Nº 02 La masonería en Venezuela
BOLÍVAR Colección iconográfica
Enfocando en la diversidad. para poner la lupa en un objeto, en un documento, o en un impreso de nuestras colecciones.
La cabeza reducida de los indios Jíbaros de Ecuador
Se trata de la cabeza momificada de un indio, como las preparaban hasta hace poco los Jíbaros, una tribu que vive entre los ríos Pastaza y Chinchipe en la zona oriental del Ecuador. En 1861, el Cónsul de Chile en Quito, llamado D. R. de Silva Ferro, consiguió el primer ejemplar conocido y con el apoyo de José J. Barriero, difundió aspectos sobre el método de preparación.
Las cabezas reducidas eran pruebas de valor y trofeos de victoria que los Jíbaros conservaban de sus enemigos notables muertos en las peleas. En otros casos se trataba de la manifestación de una especie de culto religioso tributado a restos humanos, de propios guerreros esforzados que quieren conservar como oráculos, y como tales se han conseguido en sepulcros de indios ecuatorianos, peruanos y colombianos.
El procedimiento incluía la práctica de extraer del interior de la cabeza cortada el cerebro y otras partes blandas y separar la piel de los huesos del cráneo y de la cara, sacando los huesos por la abertura que dejó el cuello cortado, quedando una especie de bolsa que frotan por dentro y por fuera con aceite de andiroba (aceite de carapa). Después introducen en esa bolsa una piedra del
tamaño de un puño, colgándola sobre el fuego para disecarla poco a poco con el humo y reducirla al tamaño deseado. Una vez seca la cabeza, introducen un cordón de algodón por un agujero practicado en la parte superior de la misma, asegurándola en la abertura inferior con un nudo o un palito atravesado.
Otra cabeza reducida fue exhibida en Londres, en 1862, presentada al público como “Cabeza del Inca”. Comentarios sobre estas cabezas aparecieron en periódicos alemanes de la época y con el tiempo llegó a haber cerca de dos docenas de esos singulares objetos en museos de América y de Europa. Lo cierto es que se trata de objetos de gran valor, de los que sus poseedores se desprenden con reticencia.
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